domingo, 26 de agosto de 2012

MAS CUANDO EL MUNDO CALLA

Mas cuando el mundo calla, aún hay un susurro dulce y sereno que apacienta el ser inestable y angustiado....

Mas cuando el mundo calla, el corazón sigue escuchando un suave viento que trae su mensaje, un mensaje que solo escuchan los amantes...

Mas cuando el mundo calla, nada perturba un ser que se escapa del mundo para escuchar a aquel que ama sin miedo ni medida...


Mas cuando el mundo calla, solo se podría escuchar un solo lenguaje en el que las palabras sobran pues el lenguaje es el amor...

Mas cuando el mundo calla, al comeinzo, muy al comienzo se extraña el ruido del mundo, pero en el fondo se desvela el lenguaje de los amantes...

Mas cuando el mundo calla, se siente el miedo del silencio, frio y muerto, pero se encuentra la paz del que ama, más allá del frio, más allá de la muerte...

Mas cuando el mundo calla, callan los hombres, calla el universo, calla todo...

Que todo se calle! que nos va a hablar el amor, nos hablará Dios...

Mas cuando el mundo calla, solo cuando el mundo calla, así, solo así, muy pero muy dentro de tí mismo Dios puede hablarte.


Calla tu al mundo, y entonces te hablará Dios.

sábado, 3 de marzo de 2012

SER MAESTRO: TAREA AMARGA Y DULCE

San Agustín al preguntarse por el tiempo decía: ¿Qué es, pues, el tiempo? Si no me lo preguntan, lo sé; pero si me lo preguntan, no sé explicarlo.

Tal como le pasó al filósofo de Hipona me sucede a mí frente al interrogante ¿qué es ser Maestro? Tal vez si no me lo preguntaran lo sabría, pero me lo pregunto, y me lo preguntan y no sé decir con certeza ¿qué es? 

Debo iniciar diciendo que la tarea de educar es una mezcla amarga y dulce, es un arte inmenso, incalculable, es una tarea, una misión. 

Todos los días al llegar a mi puesto de trabajo, bajo el vidrio que cubre mi escritorio de maestro he puesto una copia de la oración del sacerdote Jesuíta Rafael fetirré, oración del maestro, y en su primer párrafo dice: “Señor concédeme ser un constructor de almas y no un vulgar mercader”,  la verdad es que me impacta profundamente leer esta oración todas las mañanas y mientras me encomiendo a Dios, -para soportar el peso del día y todas las demandas de las y los estudiantes, la necesidad constante e imperiosa de solicitar el silencio para poder continuar una actividad o explicación, y para poder llenar la burocracia administrativa- me preocupo, me lleno de un sano interés por hacer de mi labor algo interesante, me propongo trasmitir a  mis estudiantes propuestas que los y las  llenen de interrogantes y los y las motiven a la profundización, a la investigación personal, que los y las  llenen de conocimientos nuevos e interesantes para su propia existencia, quiero construir su alma. (Entiéndase seres íntegros, que saben ser, hacer, y pensar).
 
He dicho ya  que ser maestro  es una mezcla amarga y dulce, y lo es. Hay días en los que los mismos estudiantes demandan atención de tu parte y te brindan la más mínima  atención de la suya, hay días también en los que quien más aprende de la labor educativa eres tú mismo, recuerdo en este momento que en un diálogo de la clase de ética en un grupo lancé la siguiente expresión: “nadie aprende en  cabeza ajena” y seguí mi discurso, que fue interrumpido de inmediato por una estudiante que me dice: “pro, si hay alguien que aprende en cabeza ajena, es el peluquero” de inmediato vino una gran risa de parte de todos y todas las que estaban en el aula, incluyéndome también, pues es verdad, es una verdad que no estaba contemplada en la expresión que lancé, y es una verdad de la vida práctica con la que me fui ese día a mi casa. 

La tarea del maestro dentro del proceso educativo es algunas veces inconsciente, nuestros estudiantes están constantemente fijos en cuanto haces, dices, piensas, están listos sobre todo para hacerte una recriminación y pocas veces para reconocer lo bueno que aportas a sus vidas, por lo general sólo mucho después de abandonar la parte del bachillerato y enfrentarse con la vida universitaria en el mejor de los casos, o quizás con la vida en otros aspectos de su desarrollo como es el laboral o familiar, entonces, reconocen lo valioso que muchos maestros aportaron a su vida. Esa es una parte dulce del ser maestro.

Muchas veces la labor nuestra como maestros esta tan encerrada en la burocracia, en el cumplimiento de metas de desempeño y calidad que al ingresar a una aula escolar muchas veces pensamos solo en la cantidad de estudiantes que tenemos, y su nivel comportamental, sin querer estigmatizamos muchas veces estudiantes y grupos.

La labor amarga y dulce de ser maestro es la labor de un mago, de un consejero, de un psicólogo, de un confesor, de un policía, de un médico, quizás la de un psiquiatra, en definitiva la labor  de un maestro en la que se unen todas las anteriores. Ser maestro es estar en la montaña rusa de los sentimientos pues al contacto con tus estudiantes puedes sentir enormes deseos de vivir y sonreír con quienes sonríen, y al momento ver caras tristes de algún estudiante e indagar un poco el por qué de su cara triste, querer llorar con él, por que en verdad su vida no es nada simple y sencilla.

¿En dónde está la clave del éxito de un maestro?, creo que nuestra tarea, es quitarnos con quien se puede la armadura de la indiferencia, la intolerancia, y esa barrera que divide maestro estudiante.  El éxito es lograr construir almas  para que la máquina del mundo que busca devorarlos,  junto a la cultura de la perfección, de lo estético, mas no de lo ético, de la moda perfecta mas no del modo correcto, la cultura económica mundial que busca el menor costo para obtener el mayor beneficio, no los devore sin masticarlos, nuestro éxito como maestros radica en construir mentes pensantes y no reproductoras de ideas, y de pensamientos ajenos, mentes que sean lo suficientemente capaces de detectar los sofismas de un mundo que siempre trae amargo y dulce… Nuestro éxito en la labor educativa, en nuestra labor como maestros es ver a nuestros estudiantes como agentes de cambio en la sociedad, agentes del bien, y para el bien. Este sería nuestro ideal, nuestro éxito. Pero es innegable que no con todos se logra, no todos tienen la disponibilidad de transformarse para trasformar el mundo, y pasan por las aulas quizás de muchos centros educativos y salen y son devorados por la máquina del mundo sin masticarlos siquiera y también, que es lo más doloroso sin que ellos mismos se enteren de que están siendo devorados por esa máquina sombría.

Se nos propone el dilema entre ser maestros conservadores o progresistas, personalmente pienso que debemos buscar un punto medio, un punto en el que sean nuestros discentes quienes se vean beneficiados, un punto en el que más allá de una nota que da razón de un proceso, sea la vida la que hable, sean sus actuaciones, las del estudiante, las que muestren que tan amarga o dulce puedo ser la labor de haber sido educados y para nosotros que tan amarga o dulce pudo ser la labor de educar. 

Construir almas no es nada sencillo, es tejer filigrana  muy fina, es templar las fibras de lo humano con las pinzas del conocimiento, y con la soldadura de  la ciencia, sin descuidar el brillo del afecto, y el barniz de la corrección. Educar es construir personas, formar, reconocer la belleza e importancia del compartir lo que somos, seres capaces de razonar, actuar, cambiar.
Maestro, maestro es el que sabe templar las fibras más finas de lo humano, y no siempre se puede, el humano (estudiante) debe dejarse ayudar de lo contrario no logramos mucho, tarea amarga y dulce, por ende si me preguntan ¿Qué es ser maestro? No lo sé, y si no me lo preguntan, lo sé. Tarea amarga y dulce.

martes, 21 de febrero de 2012

EL CAMINO DE LA CRUZ

Estamos iniciando una nueva cuaresma, una nueva oportunidad en cuarenta días en los que podemos hacer una marcha por el camino de la cruz, camino que nos une a los hombres con Dios, estamos llamados a transitar por ese camino que el mismo Dios hecho hombre transitó,  quizás con miedo pero también con una enorme valentía y confianza en Dios su padre amoroso.

Nosostros estamos llamados también a transitar por el camino de la cruz personal, por ese camino que algunas veces que nos deja vueltos cenizas...

Pensemso en este tiempo como una buena oportunidad con la que podemos retomar esa linda amistad con Dios que nos ama tanto que siempre está dispuesto a nuestro encuentro.

Iniciemos esta cuaresma recordando con ese simple signo de la ceniza nuestra fragilidad, nuestra limitación, nuestra condición de terrenos y mortales,  eso sí con una semilla de eternidad que nada ni nadie nos puede quitar así simplemente quizás parezca que la olvidamos.

Somos seres finitos, efimeros, terreenos, limitados pero con la esperanza de la vida eterna, plena, santa...

Que la ceniza que nos da inicio a esta cuaresma y nos prepara a la pascua, sea un signo de amigos, un signos de amor, un signo de confianza en ese Dios que nos perdona por que nos ama. Penitencia, pernitencia es solo hacer conciente en mí cuanto Dios me ama y actuar en coherencia con ello.

Hay mucho por hacer para traducir esta cuaresma en vida, y se hace vida en las obras de nuestras manos.

lunes, 12 de diciembre de 2011

LA PORFIADA DEBILIDAD DE DIOS: LA POBREZA Y LOS POBRES.

Un rancho con dos bestias, ¡Que gran riqueza! En el pesebre se oculta el más grande tesoro del mundo...

Recuerdo y comparto de forma especial en esta Navidad las reflexiones a las que nos invitó en mayo de este año el Sacerdote Rafael Villena, Sacerdote de la Arquidiocesis de Santiago de Chile, Sacerdote que nos predicó un retiro espiritual en la laguna Merín, Frontera entre Uruguay y Brasil.

Me limito a trascribir como un abuso que me perdono a mi mismo con el objeto de que servirá a muchos, algunos apartes de las reflexiones que nos compartía este sacerdote y las cuales me parecen espectaculares para pensar en esta Navidad del 2011.

I   Jesús nace en una pesebrera. 
No es bueno adornar demasiado el pesebre de Navidad. No es bueno domesticarlo. El pesebre nos denuncia, nos cuestiona. Es necesario recordar que Jesús nació en una pesebrera porque “no hubo lugar para él en la posada” (Lc.2, 7). Y cuando muere, lo hace entre ladrones (Mc.15, 27) y lo entierran en una tumba prestada (Mt.27, 57-61). Tampoco tuvo lugar propio. El Hijo del Hombre no tenía dónde reposar su cabeza (Lc.9, 57-58). Este dato histórico ya marca el itinerario y las opciones de los discípulos. En las pesebreras viven los animales y lo que hay ahí es lo propio de los animales. Ahí nace el Hijo de Dios. Conozco una abuelita que nació en un pajar, pero no es lo normal.
Jesús podía haber nacido en alguna de las potencias de la época; sin embargo, lo hace en un pequeño país. Y no nace en la capital, Jerusalén, sino en un pequeño poblado. Y no en el Templo o en la mejor casa de Belén. Ya sabemos dónde.  Dios tiene una porfiada debilidad por la pobreza y por los pobres. Sin excluir a nadie, éstas son sus opciones. Los pastores serán los primeros en llegar a adorarle. Vivirá rodeado de “pecadores”, descalificados y excluidos, y morirá entre ladrones. Realmente Dios ama “hasta el extremo”, hasta donde nos cuesta mucho llegar a nosotros.
II Nuestra fragilidad, posibilidad de que Jesús nazca.
Toda persona adulta sabe, por experiencia propia, que en la vida se dan grandes crisis y quiebres. Por lo menos 2 son gratuitas y seguras: el nacimiento y la muerte. Pero es necesario pasar por momentos en que todo pareciera terminarse, irse abajo. Y hay que comenzar de nuevo, “reinventarse”. Jesús lo llama “nacer de nuevo, de lo alto, del agua y del Espíritu” (Jn.3, 3.5). Fallan los referentes, caen las seguridades; muchas veces, personas significativas se alejan,  y se experimenta, además del quiebre, una profunda soledad. Se quiebra el orgullo, se experimenta el fracaso, la inseguridad, la impotencia. Es necesario morder polvo y desde el suelo, entre lágrimas, sudor y sangre, clamar: “¡Sálvame, Señor”, que me hundo! (Cfr. Mt. 14, 30). Mientras mantengamos la mirada fija en Jesús, seremos capaces de avanzar en la vida. En la medida que nos centramos en nosotros mismos, o en lo adverso de las circunstancias, nos hundimos. No es fácil pedir ayuda. Normalmente se hace después de muchos intentos fallidos. A veces, demasiado tarde.
Nuestra fuerza está en la debilidad que se abre a Dios. La debilidad traspasada de gracia es fuerza y poder. La debilidad cerrada sobre sí misma es abandono a las propias fuerzas, escasas e inconstantes. Quien no pone su fragilidad en Dios, queda confiado a sí mismo. Sabemos lo resbaloso y traicionero de este terreno. Por más que creamos tener algunas habilidades. No nos servirán a la hora del sinsentido. Cuando estamos bien, somos capaces de nadar con variados estilos. Cuando estamos mal, flotar ya es bastante. Cuando estamos bien, navegamos con nuestros propios sentidos. Cuando estamos mal, hay que ser capaces de navegar con otros instrumentos. Confiar en otros. En la vida hay que aprender esta obediencia básica y vital. El aprendizaje es largo y duro. Es inútil “rebelarse contra el aguijón” (Cfr. Hch.26, 14). Con bastante frecuencia, la debilidad propia negada se transforma en rigidez e intolerancia con el prójimo, y se hace difícil la misericordia con el hermano, lo que afecta seriamente el trabajo en equipo y la vida comunitaria.
El Apóstol Pablo recorre este largo e importante camino. “No me alabaré sino de mis debilidades… ‘Te basta mi gracia; mi fuerza actúa mejor donde hay debilidad’. Con todo gusto, pues, me alabaré de mis debilidades para que habite en mí la fuerza de Cristo… Cuando me siento débil, entonces soy fuerte” (2 Cor. 12, 5-10). Y Jesús les recomienda a sus discípulos “estar despiertos y orar”, pues “el espíritu es animoso pero la carne es débil” (Mt. 26, 41; cfr. 1 Cor. 16,13-14). No es excusa ser débil. Ese no es el problema. Todos somos débiles. “Soy un pobre malherido” (Ps 68). El punto de la vida espiritual es cómo abrirnos y poner en Dios esta debilidad. Esa es la diferencia. Cuando no ponemos nuestra debilidad en las manos de Dios, hay mayor resistencia a la acción de la gracia en nosotros. Normalmente, no somos ni seremos pobres, pero sí podemos experimentar nuestra propia indigencia. Para nosotros, la pobreza es una opción, pero conocer la propia indigencia supone una actitud fundamental de obediencia. Al iniciar el Seguimiento de Jesús, creímos haberlo dejado todo. ¿Qué se puede dejar en la juventud? A lo más, algunas posibilidades de futuro. En cambio, en la madurez de la vida, somos despojados. Y este es el Seguimiento definitivo, en que intuimos que no hay vuelta atrás. El “Sígueme” de Jesús suena ahora totalmente distinto (Cfr. Jn 21,15-23).
III Incluso desde nuestro pecado.
Jesús, el  Cordero inocente, el que no conoce pecado, es “hecho pecado por nosotros” (2 Cor.5, 21), para que, en Él, lleguemos a participar de la santidad de Dios. “Lo hizo víctima por el pecado” (Rom. 8, 3). Fuertes afirmaciones de Pablo. Jesús, por su Encarnación, comparte nuestra existencia humana, para que nosotros alcancemos la vida de Dios. Sin conocer Él mismo el pecado, sufre y asume en sí las consecuencias de éste: sufrimiento, injusticia, mentira y, finalmente, la muerte. Pero, la última palabra siempre será de Dios y, por lo mismo, siempre será de vida, y de Vida Eterna. El Padre no podía permitir el triunfo del mal y de la muerte. En Él, triunfamos todos.
Incluso nuestra realidad de pecado puede ser ocasión para alcanzar la vida de Dios, en la medida que nos volvemos a Él, a su amor, a su misericordia y a su perdón. También podemos exclamar, junto con la Liturgia de Resurrección “¡Feliz culpa, que nos mereció tal Redentor! Jesús es el  Perdón de Dios. Él nos devuelve al Padre, al precio de su vida. La clave está en denunciar nuestro propio pecado como un cuerpo extraño, como un anti-yo. Lo peor es identificarse con el propio pecado. De ese modo, lo escondemos, lo protegemos. Y aprendemos a mentir. El pecado hay que desenmascararlo, ponerlo sobre la mesa del perdón y denunciarlo. El personal y el social. Si no, nos hacemos cómplices suyos (Cfr. Rom.7, 14-25). En un creyente, en un consagrado, hasta su pecado ha de ser transparente. Lo peor es el pecado oculto. Expresa la confusión que provoca el mal en nosotros, hasta llegar a proteger al mismo que nos secuestra (síndrome de …….). “Este es nuestro ministerio. Lo tenemos por pura misericordia de Dios y por eso no nos desanimamos… No nos predicamos a nosotros mismos, sino que anunciamos a Cristo Jesús como Señor… Con todo, llevamos este tesoro en vasos de barro para que todos reconozcan la fuerza soberana de Dios y no parezca como cosa nuestra” (2 Cor. 4, 1-15). Importante ministerio este de la reconciliación con Dios. De Él nos “viene todo consuelo, el que nos conforta en todas las pruebas por que ahora pasamos, de manera que nosotros también podamos confortar a los que están en cualquier prueba, comunicándoles el mismo consuelo que Dios nos comunica a nosotros” (2 Cor. 1, 3-4).*ver  traducción. El ministerio entregado a la Iglesia en manos de Pedro nos desafía: “todo lo que ates en la tierra será atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos” (Mt. 16, 13-20). Grave responsabilidad. Es necesario tomar conciencia sobre ello. Creo que estamos para desatar y no para atar (Cfr. Lc. 6, 36-38).
Jesús, “no vino para socorrer a los ángeles, sino a los hijos de Abraham” (Hb. 2,14-18). “Por eso, que cobren vigor los brazos que desfallecen y que se hagan firmes las rodillas debilitadas” (Hb. 12,12).
“Con los de conciencia débil, me hice de conciencia débil, a fin de ganarlos. Me hice todo para todos con el fin de salvar por lo menos a algunos” (1 Cor.9, 22).
“Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor” (Ps. 26).
¿Conozco mi fragilidad? ¿Sé cuidarme o me sobreexpongo? ¿Logro integrar mi fragilidad al conjunto de mi persona? ¿Pongo en ella la Luz de Jesús y su Gracia? ¿Conozco la fragilidad de mis hermanos? ¿Cómo reacciono ante ella?
Aparecida N° 177
“… también hay situaciones, nunca bastante deploradas, en las que la Iglesia misma sufre por la infidelidad de algunos de sus ministros. En estos casos, es el mundo el que sufre el escándalo y el abandono. Ante estas situaciones, lo más conveniente para la Iglesia no es tanto resaltar escrupulosamente las debilidades de sus ministros, cuanto renovar el reconocimiento gozoso de la grandeza del don de Dios, plasmado en espléndidas figuras de Pastores generosos…”. (Benedicto XVI, Convocatoria al Año Sacerdotal 1,5).
“Sabemos que hay quienes  pasan por grandes tribulaciones y dificultades… “llevamos este tesoro en vasos de barro…” (2 Cor. 4,1.7)…  para ser fieles…  tenemos que tomar conciencia clara de “la insuficiencia de nuestros recursos humanos, el escaso valor de nuestras facultades para la misión que Cristo ha confiado a los ministros de su Iglesia”. Y que “la respuesta que corresponde a este don no puede ser otra que la entrega total: un acto de amor sin reservas. La aceptación voluntaria de la llamada divina al sacerdocio fue, sin duda, un acto de amor que ha hecho de cada uno de nosotros un enamorado. La perseverancia y la fidelidad a la vocación recibida consiste, no sólo en impedir que ese amor se debilite o se apague (Cfr. Ap. 2,4), sino en avivarlo, en hacer que crezca cada día” (Carta a los Sacerdotes Año Sacerdotal N° 4-5, Comité Permanente CECH, junio 2009).
Pbro. Rafael Villena. Pellines, 22 enero 2009